El Valle Intranquilo

 

Hubo un tiempo en que el valle sonreía,

silencioso, aunque nadie allí vivía;

su gente había marchado hacia la guerra

confiando el cuidado de esa sierra,

por la noche, a la mirada fiel de las estrellas

desde su azul cuartel y de día,

a los rojos resplandores del sol

que dormitaba entre las flores.

Mas ahora para todo visitante

el valle triste es inquieto e inquietante.

Nada allí se detiene un solo instante...

nada salvo el aire que se cierne sobre la soledad

mágica y perenne.

¡Ah, ningún viento agita los ramajes

que palpitan como el glacial oleaje

en torno a las Hébridas salvajes!

¡Ah, ningún viento empuja el furtivo

manto de nubes que, sin respiro,

surcan durante el día el cielo esquivo

sobre las violetas allí esparcidas

como ojos humanos de mil medidas...!

sobre las ondeantes azucenas

que lloran junto a las tumbas ajenas!

Ondean: y en sus pétalos más tiernos

se juntan gotas de rocío sempiterno.

Lloran: y por sus tallos claudicantes

bajan perennes lágrimas como diamantes.

 

Edgar Allan Poe